Recuerdo cuando de botija me llevaba la bañadera a la escuela con los zapatos lustrados, la moña bien almidonada, la túnica planchada y el toquecito final: el cerquillo ondeado que me hacía mi abuela... cuando andaba en chiva por las tardes con mis amigos... cuando se acercaban las fiestas de fin de año y a escondidas de la abuela pedía plata para el juda.

Cuando mi padre compró la primer cachila... paseábamos por la rambla y terminábamos empujándola porque no funcionaba bien.

Recuerdo también cuando jugaba con la globa en el campito de la esquina y regresaba con los championes rotos por poner tanta sangre charrúa.

Era la misma esquina con su clásica bomba de agua de barrio, que por las noches la visitaban y se reunían los cachilas.

Recuerdos de Montevideo, sus cantegliles, sus conventillos de Palermo, el trole de la Av. 8 de Octubre, la Intendencia, el clásico monumento al Gaucho, el palacio Legislativo, el Cerro, La Ciudad Vieja, Pocitos, La Paloma, Piriápolis y su clásico Cerro Pan de Azúcar, Atlántida y tantos otros lugares hermosos con playas maravillosas que haciendo un poquito de carretera se encuentran.

Recuerdo cuando mis padres me llevaban al tablado de 8 de Octubre o al teatro de verano del Parque Rodo a escuchar y ver murga... Araca Lacana, Los Saltinbanquin, Los 8 de Momo y tantos otros...

Recuerdo mis primeras salidas de adolescente cuando iba a bailar a Plena, Soon, Salsa con conjuntos en vivo como Borinquen, Cumanacao, Cien Fuegos, y tantos más... al Palacio Salvo, frente a la Plaza Independencia: ahí probé mi primer Chop de Pilsen.

Recuerdo cuando los domingos por la mañana la abuela prendía la garrafa o el primus, y ponía la caldera a calentar; en ese interín se hacía una escapadita para comprar bizcochos y tomar mate con el porongo.

Recuerdo los especiales o refuerzos de butifarra con Vascolet, las torrejas caseras de la abuela, las filloas con dulce... y cuando sobraba un vintén de más, en casa se hacía un chivito al plato con chajá de postre.